Museo Atlántico de Lanzarote

En enero de 2017 se ha inaugurado en Lanzarote El Museo Atlántico de Lanzarote, un monumental proyecto de arte en el medio subacuático que persigue dos objetivos de gran importancia: contribuir a la conservación del medio y potenciar el turismo de calidad en la isla, para lo que se ha optado por la combinación de la belleza del arte y la del medio submarino.

El proyecto ha podido ser llevado a cabo gracias a la cooperación de la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias, el Cabildo de Lanzarote y el creador de la obra, el ecoescultor británico Jason deCaires Taylor. Los trabajos de este monumental proyecto han durado más de dos años y han culminado en la creación del primer museo de arte submarino de Europa.

Diseñado con un enfoque conservacionista para crear un arrecife artificial a gran escala, los primeros trabajos, instalados en febrero de 2016, son ya frecuentados por tiburones ángel, bancos de barracudas y sardinas, pulpos, esponjas marinas y la ocasional raya mariposa.

No es el primer proyecto de este tipo en el mundo, pues ya contamos con instalaciones de este tipo en otros lugares, pero sí es el primero de Europa, contando con las excepcionales condiciones que presentan, las costas canarias en general y este rincón de Lanzarote en particular.

Las distintas obras que conforman el conjunto del museo se han ido colocando para crear un conjunto armónico y sugerente, culminando un conjunto que añade un incalculable valor a la imagen turística de la isla.

La instalación del museo se ha realizado entre los 12 y 14 metros de profundidad, lo que unido a la espléndida visibilidad general del sitio elegido, en las aguas de Playa Blanca, al sur de la isla de Lanzarote, da opción a su visita a cualquier nivel de buceador e incluso se puede visitar desde superficie, con máscara y tuba solamente, gracias a la claridad de las aguas en el entorno.

Esta es la primera vez que Taylor instala estructuras arquitectónicas tan grandes. Las nuevas instalaciones incluyen un muro de 100 toneladas y 30 metros de longitud; la escultura de un jardín botánico que hace referencia a la flora y fauna local y una composición de 200 figuras humanas a tamaño real que forman un remolino humano.

El museo, que ocupa un área de 50×50 metros de lecho marino arenoso desprovisto de vida, está construido con materiales de pH neutro, respetuosos con el medio ambiente, habiendo sido diseñadas todas las piezas para adaptarse a la vida marina endémica.

El museo incluye una entrada y una salida y las piezas se ordenan en una secuencia de 12 instalaciones. Las últimas piezas incorporadas son:


La pira inmortal

Moldeada a partir de un pescador local de la isla de La Graciosa, en la costa norte de Lanzarote, la escultura está formada por una serie de palos de hormigón que representan una tradicional pira funeraria.

Cruzando el Rubicón

Cruzando el Rubicón consiste en un grupo de 35 figuras que caminan hacia un muro y una puerta bajo el mar, que representa un límite entre dos realidades y un portal hacia el Océano Atlántico. El muro, que es parte orgánico, parte industrial, mide 30 metros de longitud por 4 metros de altura y contiene una sencilla puerta rectangular en su centro. Tiene la intención de ser un monumento a lo absurdo, una barrera disfuncional en medio de un vasto fluido, un espacio tridimensional que puede sobrepasarse en cualquier dirección. Enfatiza que las nociones de pertenencia y territorio son irrelevantes en el mundo natural. En tiempos de creciente patriotismo y proteccionismo, pretende recordarnos que no podemos segregar nuestros océanos, el aire, el clima o la naturaleza tal como lo hacemos con nuestras tierras y posesiones.

Cruzar el Rubicón es traspasar un punto de no retorno. El trabajo pretende marcar el 2017 como un momento crucial, una línea roja y un recordatorio de que nuestros océanos y clima están cambiando y que necesitamos tomar decisiones urgentes antes de que sea demasiado tarde.

Portal

El portal representa una joven chica híbrida mirando hacia un gran espejo cuadrangular que refleja la superficie del océano en movimiento. Formando parte del jardín híbrido, el concepto pretende retratar agua en el agua, una interfaz o espejo hacia otro mundo, el mundo azul. El espejo se eleva sobre una serie de estructuras con forma de cactus que contienen una serie de pequeños compartimentos y de “estaciones vivas” diseñadas para atraer pulpos, erizos de mar y peces juveniles.

Descontrol

Descontrol consiste en un parque infantil en el que juegan trajeados hombres de negocios. Un columpio y dos balancines que demuestran la indiferencia y arrogancia del mundo corporativo hacia el mundo natural. Uno de los balancines hace referencia a una bomba de extracción de petróleo, una observación sobre el control de estos combustibles fósiles y de su uso desregulado. El otro refleja la presión que realizamos sobre las especies marinas y su colapso final si no la controlamos.

Remolino humano

La última pieza del Museo Atlántico es el remolino humano, un conjunto de alrededor de 200 obras figurativas a tamaño real que crean una gran formación circular. Los modelos que la componen son personas de todas las edades y estilos de vida. La posición de las figuras crea una compleja formación como arrecife habitable por especies marinas y constituye una emotiva despedida para los visitantes al final del tour. La instalación artística nos recuerda que hemos evolucionado desde la vida marina y que todos estamos sujetos a los cambios y a la voluntad del océano. La pieza personifica nuestra desnuda vulnerabilidad al poder inherente del mar y nuestra fragilidad frente a su inmensa fuerza y ciclos. De él proviene el oxígeno que respiramos, regula nuestro clima y constituye una fuente vital de nutrientes para millones de personas.

Una visita al Museo Atlántico puede que nos conduzca a un mejor entendimiento de nuestra relación con el medio marino y a apreciar la necesidad de valorar y proteger este frágil ecosistema para salvar nuestras propias vidas.

Consideraciones

Creemos que es una magnífica iniciativa para ofrecer otro aspecto distinto y cultural a nuestras inmersiones y no sólo eso, sino al mundo subacuático en general.

Estas iniciativas han promovido, allá donde se han realizado, la protección del medio marino, por lo que esperamos que eso sea conseguido también aquí. Desde luego se puede hablar de “una gotita” de protección, pero algo es algo y muchas “gotitas” crean un mar.

Para aquellos de vosotros que os pueda interesar su visita, debéis saber que se debe hacer mediante un Centro de Buceo Autorizado, nosotros os recomendamos que os pongáis en contacto con:

Centro de Buceo Hipocampus Fariones
Calle Timanfaya. Centro comercial Playa Blanca
35510 Puerto del Carmen (Lanzarote)
Tel 646123930
email: info@buceofariones.com

Queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento al Museo Atlántico, a su Departamento de Prensa y a Aníbal Vega-Almeida, de dicho departamento, por su inestimable ayuda para la confección de este post y su contribución al material gráfico que acompañamos.

Por último una recomendación: disfrutadlo, vale la pena.

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  1. carmen

    para gustos los colores, pero yo soy de la opinion que estas esculturas no estan puestas para recuperar el medio marino, ni como refugio de peces, el coste es de 700.000€, con ese dinero se podria haber hecho mucho, ni me atrae ni pienso pagar por el capricho de alguien, he estado buceando por esa zona, y las inmersiones no son nada del otro mundo, en comparacion con otras partes de lanzarote.

    • Gracias por tu comentario Carmen.
      Estamos de acuerdo en que para gustos colores, por eso este blog está abierto a publicaciones de todo tipo de lugares de inmersiones

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